Críticas

El aprendiz de brujo

Érase una vez un productor de cintas de acción todopoderoso que conseguía que la práctica totalidad de sus películas fuesen grandes éxitos de taquilla y sus producciones televisivas arrasaban en audiencia. Sin embargo, un día no consiguió darse cuenta de que los gustos del público empezaban a virar hacia nuevos horizontes y sus series eran canceladas en sus primeras temporadas (The Forgotten) o sus producciones millonarias no despertaban el suficiente interés del público para justificar sus abultados presupuestos (G-Force y Prince of Persia: Las arenas del tiempo).

¿Qué podía hacer nuestro protagonista, que atiende al nombre de Jerry Bruckheimer, para volver a ser el rey de la taquilla? Apostar por lo que ya había demostrado ser exitoso parecía la mejor opción, así que decidió recuperar a Nicolas Cage (con el que son ya siete las colaboraciones) de sus tremendos problemas con el fisco americano y de su incapacidad de elegir un peluquín que le haga parecer una persona digna. Además, volver a contratar al director de las dos entregas de La búsqueda (una especie de versiones pobretonas pero entretenidas de Indiana Jones) parecía la jugada perfecta. ¿Cuál era la mejor forma de redondearlo? Optar por la magia (y sus enormes posibilidades visuales) como guinda del pastel para crear El aprendiz de brujo.

En un horrendo prólogo (de lejos lo peor de la función) descubrimos que Balthazar formaba un trío de grandes hechiceros junto a Veronica y Horvath, pero los celos de este último provocaron la muerte de su maestro y que los tres quedasen atrapados en un recipiente mágico. Sin embargo, el singular encarcelamiento de Balthazar y Horvath tiene fecha de caducidad y ambos despiertan en el Manhattan de nuestros días con objetivos contrapuestos: Horvath quiere liberar a su nueva maestra y a un montón de malvados hechiceros para proceder a la dominación mundial (muy original no es, no) y Balthazar quiere impedirlo a toda costa. Para ello recluta a un joven, que viene a ser el elegido que no parece serlo (también muy novedoso, lo sé), al cual tendrá que adiestrar para conseguir evitar que el mal triunfe.

Lo primero que hay que saber de El aprendiz de brujo es que una película en la que impera la explicación del “porque sí”. Seguramente muchos recordaréis un gag de Los Simpson en el que un personaje justifica hechos imposibles con la excusa de “lo hizo un mago”, pues bien, se ve que el guionista de la película tomó buena nota de esto y decidió aplicarlo a El aprendiz de brujo. Aquí lo importante no es crear una historia de suspense eficaz o giros de guión creíbles, sino usar la carta blanca de la magia para que sucedan cosas continuamente y que la película funcione por el efecto de la acumulación. Y la verdad es que es muy difícil aburrirse.

Sin duda, uno de los puntos fuertes de la película es la abundancia de efectos especiales para conseguir distraer al espectador sin comerse mucho la cabeza. Y es que El aprendiz de brujo vendría a ser el equivalente cinematográfico a una sesión de fuegos artificiales. Ruidosos, llamativos, variados, y con cierta capacidad de dejar embobados a algunas personas. Soy el primero en criticar a muchas películas por dejar que los efectos visuales se zampen a la historia de la película, pero es que en este caso la historia en ningún momento reniega que sea una excusa para que éstos aparezcan y ayuden a que el nivel de entretenimiento sencillote no decaiga (incluyendo la necesaria escena de homenaje de Fantasia para justificar el estar basado en una historia de ese clásico Disney). Sinceramente prefiero mil veces simplezas inofensivas como ésta a timos como Salt o erróneos acercamiento al cine de otra época como Los Mercenarios.

A estas alturas resulta innecesario defender o atacar a Nicolas Cage. Algunos lo aborrecen, a otros les gusta bastante y ésta es una película que a buen seguro los primeros odiarán y los segundos tendrán otra facilidad para pasar un rato la mar de entretenido. ¿El motivo? Su personaje vive más de su carisma (y de presencia) que de sus dotes interpretativas. Balthazar es un personaje la mar de digno dentro del tópico andante que en realidad es y Cage sabe jugar perfectamente con este hecho.

El caso de Jay Baruchel tampoco es muy diferente: Su personaje es un pringado al que le pasa algo excepcional y como lo primero responde correctamente, pero como héroe muestra unas cuantas deficiencias. Para haceros una idea, y sin querer equipararos, Baruchel es una versión menor de lo que ha demostrado hasta ahora como actor Shia LaBeouf (que también debe buena parte de su fama a Bruckheimer ¿Casualidad?) y eso que el primero es cuatro años mayor. Sin embargo, el auténtico problema viene de la mano de Teresa Palmer, la chica de la que el personaje de Baruchel está enamorado. Quizá sea cosa de lo poco conseguidas que están las escenas románticas (un bajón de interés bastante grande aunque afortunadamente no muy abundantes), pero su personaje llega a resultar molesto al espectador de lo anodina que resulta.

El resto del reparto se completa con un siempre eficaz Alfred Molina, aunque el nivel de su villano queda bastante alejado del Doctor Octopus de Spider-man 2, una casi anecdótica Monica Bellucci y es muy de agradecer el rol cómico otorgado a Toby Kebbell como Drake Stone, el brujo aprendiz de Horvath. Que nadie espere nada elaborado, pero la simplicidad cómica que surge de su personaje y sirve para que la función no se convierta en un rollo de mucho cuidado.

En conclusión, El aprendiz de brujo es un divertimento que no aspira a nada más que eso y que cumple perfectamente su cometido como tal. No faltan momentos perfectamente eliminables, situaciones absurdas y giros de guión de escasa credibilidad, pero la película es honesta en todo momento con lo que uno puede esperar de ella: Pasar un rato entretenido sin tener que molestarse uno en usar muchas neuronas. ¿Es eso suficiente para ir al cine a verla? Eso ya depende de vosotros.

Salt

Hay cierta tendencia en Hollywood a imponer a ciertas actrices como referentes de cara al público y muchas veces es el aspecto físico lo que sirve como acicate para esta política. Actualmente, parece que los éxitos del pasado con este tema no logran repetirse ya que ciertas intentonas con actrices como Camilla Belle no han logrado fructificar (y es que películas como la horrenda 10.000 o la absurda Push no han ayudado mucho). Uno de los principales problemas que tengo con Angelina Jolie es ese, ya que el Óscar que consiguió porInocencia Interrumpida (seguramente su mejor trabajo junto al de Gia) la permitió que 4 años de fracasos taquilleros (desde el primer Tomb Raider hasta Sr. y Sra. Smith) no evitasen verla en portadas de revistas cada dos por tres y seguir considerada una Diosa entre mortales. Por ello el verla encabezar el cartel de un thriller de acción como Salt no me inspiraba demasiada confianza. ¿Prejuicios? Quizá, pero la cuestión es que acabé viendo la película y he aquí mi veredicto.

Evelyn Salt trabaja para el gobierno americano como espía. Nada espectacular salvo que hace tiempo fue atrapada y torturada por los coreanos y esa experiencia pues un poquito sí la marcó. Un día como otro cualquiera un ruso chiflado se entrega diciendo tener información vital sobre una elaborado complot llevado a cabo por su país. Todo el mundo sabe que cuando un chiflado dice cosas como que el presidente Kennedy fue en realidad asesinado por un agente ruso hay que creer todo lo que dice, lo cual lleva a la detención de Salt al ser identificada como una agente ruso por dicho lunático. Además también es sabiduría popular que mejor que rellenar un poco de papeleo la mejor solución ante este tema es escapar y disparar a todo aquel que se te pone por delante. La cuestión es… ¿Salt es malvada o no?

Uno de los elementos de mayor interés de una película como Salt ha de ser que el espectador realmente se crea la ambigüedad con la que es descrita la protagonista. No es ya que la protagonista actúe bien o mal, sino que cree la duda en el público sobre la identidad moral de su protagonista y eso cuando pones como cabeza de cartel a alguien tan identificable como Angelina Jolie es especialmente complicado. ¿Realmente esperan que alguien se crea que es una traidora a la patria y que va a ayudar a los rusos a la dominación mundial? Ese es el primer fallo de la función. El segundo es que años atrás Angelina podía transmitir cierta credibilidad como heroína de acción, pero su escuchimizada figura actual dificulta que uno se crea que es capaz de aniquilar a varios escuadrones específicamente entrenados y todo eso sin apenas pestañear.

No obstante, lo que realmente destruye a Salt para ser tomada mínimamente en serio es su disparatado guión: La premisa inicial ya es débil (¿Por qué creer a un ruso loco en lugar de a su mejor agente cuando se sabe que alguien con cierto entrenamiento puede engañar al polígrafo?), pero a partir de ahí la película se basa en introducir giros de guión de forma constante. ¿Elaborado y misterioso? No, absurdo y sinsentido. La protagonista pasa de buena a mala un montón de veces a lo largo del relato, no importándole asesinar a cuantos se pongan por delante, sean de un bando u otro. Ese cúmulo de absurdeces tiene un positivo efecto colateral: Es muy difícil aburrirse con Salt porque o bien te gusta la película (no es el caso) o bien ante tal cantidad de disparates sin ningún tipo de lógica o sentido uno pasa un rato entretenido criticando o directamente riéndose de lo que está viendo. Y pensar que el guión viene firmado por Kurt Wimmer, responsable de esa joya distópica llamada Equilibrium y cuya carrera no ha parado de hundirse (al menos en términos artísticos) desde entonces.

Ya he apuntado la manía que tengo a Angelina Jolie, así que no tiene mucho sentido explayarse con ella. Anodina corrección para un personaje de estas características que buscaba convertirse en un nuevo Jason Bourne pero se queda muy lejos de la trilogía protagonizada por Matt Damon. Sin embargo, sí que me apena bastante ver por ahí a Liev Schreiber y Chiwetel Ejiofor, dos actores cuyo talento está siendo desperdiciado de forma lamentable por el cine hollywoodiense y cuyos personajes en Salt van del absurdo del primero a lo anodino del segundo.

En definitiva, Salt es un batiburrillo entre thriller y cinta de acción que falla estrepitosamente en su intento de ser sorprendente con constantes giros de guión absurdos. Cierto que eso ayuda a que la película no resulte aburrida, pero más allá de eso a duras penas resulta recomendable para los fanáticos de Angelina Jolie. Los demás mejor guardaos vuestro dinero para futuros estrenos, entre los que espero que no se encuentre Salt 2 por mucho que encima la primera carezca de un auténtico desenlace.

Origen

Resulta hasta repetitivo decirlo, pero el blockbuster actual del cine de Hollywood no se caracteriza por tener ideas originales que supongan un reto para el espectador. Al contrario, abundan las secuelas, remakes (o los reboots si se quiere evitar la mala fama de los remakes), spin-offs, adaptaciones de cómics o de series de televisión de antaño. Todo vale con tal de evitar el riesgo de contar historias nuevas que el público pueda rechazar por un absurdo miedo a lo desconocido. Y es que no es casualidad que Christopher Nolan haya tardado casi una década en sacar adelante su Origen, porque ¿Quién iba a financiar por las buenas una historia que sumerge en la naturaleza de los sueños por mucho que tenga un disfraz de presunta cinta de acción cuando su coste se dispara hasta los 200 millones de dólares? Nadie, pero Nolan se ganó hacer algo a su gusto con el enorme éxito de El Caballero Oscuro y Origen fue su apuesta.

Resulta curioso leer que hay tanto gente que critica la película por ser demasiado críptica como por resultar demasiado redundante en las explicaciones que ofrece cuando realmente no sucede ni lo uno ni lo otro. El hecho es que Nolan opta por extender la parte explicativa más de lo habitual, pero lo hace para ir añadiendo paulatinamente diversos detalles acerca de lo que es la Inception y de los diferentes aspectos que hay que cuidar a la hora de entrar en sueños ajenos (especialmente logrado resulta cuando el protagonista ejerce de profesor del personaje de Ellen Page sobre la arquitectura de los escenarios de los sueños). Seguramente lo excesivamente serio que es Nolan como cineasta puede ser el principal problema de la primera hora: Todo explicaciones, ningún elemento que descargue una tensión que se apoya más en la fe de lo que está por llegar y la posibilidad de que surja la sensación de que no está pasando nada. Unos entran en la historia muy rápido, otros no lo consiguen, pero también los hay que quieren que la historia respire porque es lo suficientemente interesante para avanzar a base de diálogos y la relación entre los personajes. Es imposible contentar a todos en este punto.

También se ha comentado mucho la tremenda originalidad de la historia y es cierto que el invadir sueños ajenos para plantar una idea ajena no es algo que uno pueda decir que lo vio en el cine hace pocos meses. Sin embargo, Nolan es un cineasta fiel a un concepto argumental desde su cortometraje Doodlebug: Un protagonista obsesivo al que dicha obsesión lo lleva a la autodestrucción o al borde de la misma. Aquí este detalle motiva las acciones del protagonista a través de su intento de reencontrarse con sus hijos y de la peculiar relación con su ya fallecida esposa. No es que Origen fracase en el plano sentimental de la historia, pero sí resulta perceptible que la historia resulta más fascinante cuando Nolan se centra en la misión colectiva y en las dificultades para infiltrarse en los sueños de los demás. Y es que quizá haya llegado la hora de que Nolan haga aunque sea una única película que no esté anclada en esa constante de su filmografía.

Uno de los grandes miedos que algunos tenían es que la abundancia de efectos especiales engullese a la historia y todo acabase reducido a un carrusel de fuegos artificiales. No es el caso. Origen es una película que avanza durante muchos minutos prescindiendo de los efectos especiales más llamativos y aunque están claramente concentrados en los últimos 45 minutos de metraje, no buscan epatar al espectador, sino que surgen como consecuencia de las complicaciones que aparecen en la misión de nuestros protagonistas. Habrá explosiones, planos de innegable poder visual (sobre todo en el paraje helado), situaciones antinaturales (a fin de cuentas estamos en un sueño), persecuciones, tiroteos, pero todo es coherente con la evolución argumental. Y, sobre todo, nos da la razón a aquellos que creemos que el 3D no es más que un añadido prescindible y que la espectacularidad que aporta es perfectamente superable por la imagen convencional.

La guinda del pastel la encontramos en el grupo de actores que puebla la película. Quizá dándose cuenta del discutible nivel interpretativo de algunos secundarios en películas previas (la secuencia de los dos barcos de El Caballero Oscuro hubiese sido prodigiosa de no contar con actores tan prescindibles), en Origen apenas una decena de personajes tiene importancia real en la historia (y por ejemplo la aparición de un siempre estupendo Michael Caine no va mucho más allá de un cameo) y todos ellos rayan a muy buen nivel. Desde los ya siempre fiables Leonardo Di Caprio (muy lejos quedan atrás sus años de discutible ídolo adolescente y hace mucho que no ofrece nada que no sean buenas actuaciones) y Joseph Gordon-Levitt hasta intérpretes mucho menos conocidos como Dileep Rao o Tom Hardy. Especialmente destacable es el trabajo de Di Caprio, que sabe sostener la película en todos sus niveles y expresar el tortuoso interior de su personaje, tanto en su peligroso cometido en los sueños de Cillian Murphy como en su relación con los personajes de Marion Cotillard (su esposa muerta siempre dispuesta a darle la lata a su subconsciente) y Ellen Page. Eso sí, que nadie espere un recital interpretativo propio de una obra de Shakespeare porque no es el caso, pero sí que son los personajes (y actuaciones) más interesantes de una producción de este tipo en muchísimo tiempo.

Resumiendo, Origen es una película coherente dentro de la filmografía de Nolan, mucho menos compleja de lo que algunos quieren decir, interesante en todo momento y espectacular sólo cuando tiene que serlo. Todo adornado por una premisa argumental muy sugestiva que Nolan sabe llevar con mano maestra, dosificando al principio y dándolo todo al final. Y además con personajes y actores que están a la altura. No se puede pedir más.

De ogros verdes y juguetes de antaño

El cine de animación siempre ha contado con el estigma de estar considerado básicamente para niños y que, por muy buena que fuese la película, siempre estaría por debajo del cine para adultos. El primer gran paso para ir superando eso fue el premio que obtuvo La princesa Mononoke en el festival de Berlín y más adelante el relativo éxito (en el fondo no era más que una reafirmación de la negación de estar al nivel del cine en acción real) de la aparición del Óscar a la mejor película de animación. No obstante, el problema es que mucha gente sigue viendo este cine como algo inferior por naturaleza, como una amistad de infancia con la que puedes mantener el contacto pero que no tiene nada que hacer en la comparación con tus amigos actuales. Es decir, estas películas tuvieron su momento vital y ahora hay que pasar página a la vida de verdad.

Ese punto de vista resulta un poco deprimente y que parece una forma de negar que nuestro yo del pasado sigue formando parte de nosotros. Sin embargo, aceptemos por un momento esa premisa para hablar de Toy Story 3 y Shrek, felices para siempre, no porque uno opine lo mismo sobre el cine de animación que muchos amargados, sino porque realmente pertenecen a sagas que ya habían quedado atrás. La primera porque han tenido que pasar más de 10 años desde el estreno de Toy Story 2 y la segunda porque prácticamente todo el mundo acabó cansado del ogro verde con Shrek tercero. ¿Qué serían entonces estas nuevas entregas? Pues amigos de nuestro pasado con los que habíamos perdido el contacto y de repente volvemos a encontrarnos con ellos. ¿Cuál será nuestra reacción? Primero tocará ponerse al día con la historia de nuestras vidas…

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Una hora más en Canarias

No hay que ser ningún genio para darse cuenta cuál es el mayor problema con el que tiene que lidiar el cine español de cara a atraer más espectadores a los cines: Establecer el drama social como modelo dominante es una apuesta condenada al fracaso comercial. Cierto que puede dar pie a muy buenas películas y ocasionalmente algún título logrará atraer la atención del público, pero aún hoy nuestro cine parece no querer enterarse que la principal función del medio es la de servir como elemento de evasión. ¿Realmente alguien quiere ir al cine a ver sólo como gente más o menos similar a la real no para de sufrir? La otra gran alternativa que nos ofrecen nuestras películas son las comedias más o menos burdas derivativas en su mayoría de lo que nos ofrecen muchas de las teleseries de éxito. ¿Cuál es el problema aquí? Que si entre lo que se ofrece gratis en televisión y por lo que hay que pagar para ver en cine las diferencias son nimias no esperes grandes resultados de taquilla. Afortunadamente, hay veces que la vía de la comedia se afronta con una perspectiva (hasta cierto punto) diferente (ojo, no necesariamente mejor) y ese es el caso de Una hora más en Canarias, película que llega hoy a los cines de toda España.

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Eclipse: La mejor de la saga hasta ahora

No sé hasta que punto es necesaria hacer esta aclaración (siempre habrá algún lector despistado que caiga por aquí sin tener ni idea de quien esto firma), pero no quería dejar de empezar esto sin decir que el fenómeno Crepúsculo me ha causado una grima impresionante hasta la fecha, que no he leído los libros ni creo que llegue a hacerlo y que las dos películas estrenadas hasta la fecha si bien no me parecen tan horribles como algunos dicen, sí que me parecen de un mediocre alarmante. ¿Qué narices me guió entonces a querer ver Eclipse? Podría llamarlo masoquismo o poder criticar con conocimiento de causa, la cosa es que lo hice y para mi sorpresa no abandone la sala horrorizado y deseando meterme a saco con la película. ¿Las razones? A continuación.

El desenlace de Luna Nueva nos dejó a Bella y Edward juntos y dispuestos a ser odiosamente felices y cansinos para siempre, pero varias dificultades se cruzan en su amino. La primera es que Jacob, ese licántropo que definitivamente ha desarrollado alguna especie de alergia cutánea que le impide llevar camiseta o similares, no está dispuesto a dejar ir sin más a Bella, sobre todo porque sabe que ella también siente algo por él. Además, el padre de Bella no es que tenga especial simpatía por el vampiro fosforescente, pero sí que ve con mejores ojos a Jacob. No obstante, lo realmente preocupante es que un grupo de vampiros primerizos está sembrando el caos en una ciudad cercana ¿y qué narices tiene que ver esto con nuestros protagonistas? Pues que alguien está creando una armada de vampiros descontrolados pero especialmente fuertes (se nos dice que los chupasangres jamás vuelven a igualar los niveles de fuerza física de sus inicios) cuyo objetivo es acabar con la vida de Bella.

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Pájaros de Papel

“Pájaros de Papel”, ópera prima de Emilio Aragón en el cine, es una película personal, cuidada, hecha con esmero por un realizador que ha vivido el mundo de la farándula desde la cuna, y posiblemente uno de los pocos realizadores con licencia moral y conocimiento profundo de causa para contar la historia que presenta de la manera que lo hace.

Sinopsis

Acabada la guerra, una compañía de artistas de vodevil va de pueblo en pueblo con sus actuaciones, formando una extraña y singular familia. Un hecho inesperado les pondrá a prueba, obligando a algunos de nuestros protagonistas a tomar decisiones de vida o muerte.

Este grupo está encabezado por un músico y cantante, Jorge; un ventriloquista, Enrique, y Miguel, un huérfano de 10 años, acompañados por la cupletista Rocío Moliner y Merceditas, una niña y bailarina clásica.

Ellos atravesarán, en el medio de intrigas, números musicales, momentos de tensión y hambre permanente, parte de la España de la época, tratando de vivir y sobrevivir.

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Estrenando que es gerundio

Una semana más aquí me tenéis para hablaros de los estrenos de la semana, aunque tal afirmación es un tanto inexacta, pues tan sólo he podido ver una de las películas que hoy llegan a los cines españoles. Otro tanto me pasó la semana pasada y decidí ignorar el estreno de Los hombres que miraban fijamente a las cabras, porque no sé hasta qué punto es interesante en un texto orientado a confrontar los estrenos de la semana para recomendar uno de ellos el comentar sólo uno de ellos. Por ello, cuando me vuelva a suceder eso intentaré subir el comentario individual de la película antes del día del estreno. Y tras tanto rodeo, ¿Cuál de los cinco estrenos (El concierto, Flor del desierto, Green Zone, Medidas Extraordinarias y Pájaros de papel) ha visto este pesado? Pues la afortunada ha sido Green Zone y ahora sí que toca pasar a comentarla.

A la hora de pensar en Green Zone es imposible no asociarla inmediatamente a La saga Bourne, ya que cuenta con el mismo director de las dos últimas entregas, también con Matt Damon en el rol protagonista y nuevamente tomando el thriller como referente genérico. ¿Se han limitado a hacer un Bourne se fue a la guerra para seguir amasando dinero fácil? Afortunadamente la respuesta es no, porque aquí cierto acontecimiento real (la infausta guerra de Irak) vertebra la historia y la crítica contra la actuación estadounidense al inventarse la presencia de armas de destrucción masiva es el elemento que desencadena, explica y motiva todo lo que vemos a lo largo de casi dos horas de película. Entonces la cuestión sería ¿Resulta entretenida y/o interesante como para dejarse uno su dinero en ir al cine a verla (porque la época de ripeos más que dignos cuando las películas están en cartel ya se acabó)?

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Con estrenos y a lo loco

Tras la forzosa ausencia de la semana pasada (y es que no tengo poderes psíquicos para saber exactamente lo que me va a parecer una película antes de verla) toca volver a comentar los estrenos de esta semana. ¿Cuáles son? Pues son 6: Al límite, An Education, Daybreakers, El último vuelo, The Lovely Bones y Un Profeta, de los cuales puedo comentaros los dos primeros, así que si tenéis algún interés en ellos os animo a seguir leyendo.

Hace ya unos 7 años que no veíamos una película con Mel Gibson como actor. Desde El Detective Cantante, bueno, quizá mejor decir que desde Señales que no le veíamos en pantalla grande, porque la nueva versión de la miniserie inglesa fueron a verla cuatro gatos mal contados. Desde entonces ha tenido tiempo de ser odiado por muchos unas declaraciones antisemitas, de ser también odiado por mi persona por haber dirigido La Pasión de Cristo y de recuperar el favor de muchos (el mío incluido) por la muy entretenida Apocalypto. Sin embargo, él mismo ha reconocido que tenía que ejercitar su músculo de actor (quizá sean esas dos ¿arrugas, cicatrices? verticales y transversales que tiene en la frente y que a mí me dan un mal rollo tremendo) y he ahí la absurda génesis de cómo ha acabado protagonizando Al Límite, la película con el mismo título que muchas otras (la de Scorsese protagonizada por Nicolas Cage o el thriller español con Juanjo Puigcorbé como sádico psicópata son las primeras que me vienen a la mente). La cuestión es ¿luego es realmente como muchas otras? Pues sí y no.

El primer elemento que hay que resaltar de la película es que, en realidad, no se aleja mucho del subgénero de justicieros urbanos, en la cual un familiar, un vecino o un tío que pasaba por allí pero que le caía majo al protagonista es asesinado y el protagonista ha de vengarse. Sin embargo, en Al Límite este elemento reaccionario está muy bien matizado con la introducción de breves visiones-flashbacks que consiguen que empaticemos con el protagonista sin dejar la sensación de ser algo forzado. El otro elemento del que surgen problemas es seguramente consecuencia de haber tenido que comprimir los 6 capítulos de la miniserie inglesa en la que se basa: La película no aprovecha el desconcierto inicial que da pie a dos líneas de investigación: ¿El asesinato e la hija el protagonista ha sido un error o realmente iban contra ella? Demasiado pronto se descarta la primera posibilidad, lo cual nos limita la posibilidad de conocer con mayor profundidad al protagonista. Este hecho se compensa con la interpretación de Mel Gibson, el cual sabe cuando introducir mayor intensidad, aparentar estar a la deriva o dejarse llevar por la necesidad de venganza. Nunca será (ni ha sido) uno de mis actores favoritos, pero aquí cumple perfectamente.

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Es la hora, es la hora… es la hora de estrenar

Un viernes más llega la hora de sumergirse en lo que llega a los cines españoles. Esta semana está menos cargada de estrenos que las anteriores y tan sólo contamos con cinco estrenos: El hombre lobo, Historias de San Valentín, Nacidas para sufrir, Un hombre soltero y Vertige, siendo la primera, la segunda y la cuarta las que voy a desmenuzaros a continuación.

Historias de San Valentín es un claro intento americano de hacer suyo lo que consiguió Love Actually, es decir, un mosaico de diversas historias de amor, llegando en el caso que nos ocupa al extremo de mostrarnos desde el amor infantil (también presente en la película inglesa) hasta uno ya asentado de una pareja de la tercera edad. He leído algún comentario que critica que haya tal cantidad de personajes en la película que varios dejan la sensación de estar desaprovechados. No estoy de acuerdo, porque en una cinta de estas características lo más justo es buscar un equilibrio en la importancia de todas las historias (aún recuerdo la rabia que me dio el escaso peso de la trama de los dobles de cine porno en Love Actually), porque todos decimos siempre lo mismo: unas historias eran mejores y otras peores, pero en estos temas a uno le puede interesar más un tipo de historia y a otro igual ésa no le interesa. Equilibrándolo puedes perder cierta intensidad, pero si las intenciones son contar tantas historias en tan poco tiempo creo que es la mejor opción.

Hablando ya más concretamente de Historias de San Valentín lo primero que hay que acotar es que no se opta por una mezcolanza entre comedia y romanticismo como en Love Actually, sino que el apartado romántico sobresale con claridad. Que nadie espere encontrarse con otro Billy Mack (grande Bill Nighy), sino diferentes estadios en las relaciones de pareja: Amores imposible, infidelidades, parejas que acaban de empezar o que llevan muchos juntos, etc. Cada cual tiene un tono (relativamente) diferente y es más ligera o dramática en función de esos factores. En definitiva, historias funcionales, entretenidas y en las que, si uno tiene un estado de ánimo proclive a ello (fue mi caso), uno fácilmente puede implicarse con alguna de ellas. No puedo decir que haya una que me guste especialmente sobre el resto (1), pero sí que alguna de ellas logró sorprenderme en la forma de solucionarlas. El otro detalle del que se hablará mucho es la increíble cantidad de rostros conocidos que pueblan el reparto. Todos cumplen con corrección su cometido, quizá destacando Anne Hathaway por el singular segundo trabajo que tiene su personaje, lo cual aporta un elemento cómico que funciona estupendamente.

Un hombre soltero es el prototipo de película pensada sobre el papel para ganar premios: Un melodrama sobre la pérdida del ser querido, además siendo homosexual y con tentadora idea del suicidio en mente. El problema es que también es, en muchos aspectos, el prototipo de película pensada para los premios que a uno le sabe a poca cosa: Varios pasajes de la historia oscilan entre lo innecesario (la aparición de Jon Kortajarena lo único que aporta es la curiosidad de oír unas frases en castellano al protagonista) y lo no suficientemente intenso (la relación del protagonista con el personaje de Julianne Moore no logra transmitirme tanto como la película intenta), pero ay amigo, la interpretación de Colin Firth es tan extraordinaria que uno tiene que pasar por algo las pegas de la película y dejarse llevar por el naufragio vital del protagonista. Y es que la empatía que consigue con el espectador es difícilmente igualable, porque sencillamente sufrimos con él y estamos deseando que le llegue algún momento de felicidad. Aparte de a Firth, me gustaría destacar que la película intenta jugar en muchos momentos con el uso del sonido como catalizador de sentimientos en el espectador. No es tan habitual como a mí me gustaría la utilización de este recurso y aunque el bagaje en Un hombre soltero es desigual (vaya, a veces funciona perfectamente y otras no, el tener un director novato detrás seguro que es decisivo en este punto) creo que no estaba de más mencionarlo.

Nunca he sido un gran fan de las películas que abordaban el tema de la licantropía, principalmente porque de los monstruos de terror de cine clásico siempre ha sido el que menos posibilidades ofrecía y el que contaba con la película icónica de menor interés (me refiero a El hombre lobo de George Waggner). Luego han ido apareciendo otras películas que abordaban la licantropía con mayor o menor interés, pero ninguna que haya conseguido encantarme. Y The Wolfman (2) no es la película que haya puesto solución a esta notable laguna. Célebres han sido las informaciones acerca de los problemas de producción de la película y de cómo diversas personas han ido metiendo mano en la misma y eso siempre es una mala noticia, así que mejor empezar por las (no demasiadas) cosas buenas: Uno no se aburre viendo The Wolfman porque tiene un ritmo bastante ágil (aunque esto conlleva sus pegas en el caso que nos ocupa). Los hechos se suceden sin apenas pausas y todo está aliñado por una violencia realmente violenta. Aquí no se andan con tonterías: Si tienen que mostrar como arrancan una cabeza de cuajo o si tiene que mostrar sangre a borbotones. Y hasta aquí los elementos positivos de The Wolfman.

Argumentalmente la película roza en multitud de ocasiones el ser un completo despropósto. Son tres las líneas narrativas principales: 1- Una historia de amor que no se puede creer ni el mayor fan del romance (la química entre Benicio Del Toro y Emily Blunt no existe). La relación entre los personajes en ningún momento fundamenta que ella se sienta atraída por el hermano de su difunto esposo y es que, además, éste ha muerto muy recientemente. 2- La investigación policial es floja, apenas está desarrollada y el personaje incluido para tal fin está totalmente desaprovechado. Uno de los elementos que a priori suscitan mayor interés es ver que el policía encargado de la fallida investigación para esclarecer la identidad de Jack el destripador es el encargado del caso. Pues bien, eso lo mencionan una vez, parece que va a salir algo genial de ahí… pero no va más allá. 3- La investigación del protagonista. No interesa. Todos sabemos ya que hay un hombre lobo por ahí metido y poco nos importa el sufrimiento del protagonista porque no consigue provocar la empatía con el espectador. La pega añadida a todo esto es que la película olvida la necesidad de los momentos de transición para evitar la sensación de que los hechos se suceden muy precipitadamente. Y es que si pasan cosas continuamente es difícil que te llegues a aburrir aunque en el fondo te importe tres cominos lo siguiente que vaya a suceder.

En definitiva, una película perfectamente prescindible y las otras dos únicamente interesantes hasta cierto punto. No me atrevo a recomendar especialmente ninguna de ellas, porque quizá sea mejor recuperar alguno de los estrenos de semanas pasadas. Pero vaya, siendo la fecha que es también parece un buen momento para ver Historias de San Valentín. No sé, esta vez no me mojo.

(1) Para mal sí que puedo destacar una de ellas: La que cuenta con la presencia de Taylor Lautner, el hombre lobo de la saga Crepúsculo. Fuera de lugar, mal conectada con el resto de historias y sin chica. Se nota mucho que fue incluida a última hora para aprovechar el repentino gancho comercial que ha conseguido el actor.

(2) Voy a usar el título original meramente para distinguirla de la mencionada película de George Waggner con la que comparte título en España.

Siete días para siete estrenos

Una semana más toca comentaros los estrenos de hoy 5 de febrero, pero antes de nada quiero disculparme por mi ausencia de la semana pasada. Un horrible ataque de apatía que me duró varios días me impidió escribir algo que mereciese la pena ser leído, por lo cuál preferí borrar lo que llegué a escribir de Invictus (muy apreciable nuevo trabajo de Clint Eastwood que aborda con acierto la capacidad que tiene el deporte de integrar a personas de muy diverso origen e ideología, contando con el aliño de unas elogiables actuaciones tanto de Morgan Freeman como de Matt Damon) y La cuarta fase (más que digna aproximación a la temática de los encuentros entre humanos y alienígenas cuyo principal punto débil es su empeño en dar a la película de un realismo excesivo que llega a sacarte del relato en diversos momentos). Sin embargo eso es agua pasada y lo que ahora nos ocupa son las siete películas que hoy llegan a los cines españoles: El Padrastro, La Carretera, Loca Obsesión, Luna Caliente, OSS 117: Perdido en Río, Precious y Tiana y el Sapo. Sin embargo, por diversos motivos (Un ejemplo: Vicente Aranda es un director muy importante dentro del cine español, pero sus películas hace tiempo que tienen un interés demasiado limitado) sólo serán 3 los que paso a comentaros: La Carretera, Precious y Tiana y el Sapo. Vamos a ello.

Comencemos con La Carretera, adaptación de la merecidamente prestigiosa novela de Cormac McCarthy (también una obra suya sirvió de base para No es País para Viejos). La historia que nos cuenta nos presenta un mundo en el que algo (que nunca sabremos qué es) ha aniquilado a la mayoría de la humanidad y apenas unos pocos sobreviven, encima con la amenaza de otras personas que para salir adelante han decidido pasarse al canibalismo. En ese panorama nos centramos en un padre y su hijo y la lucha que llevan por salir adelante yendo, de forma invariable, hacia el sur en busca de un clima mejor. Lo primero que hay que resaltar sobre la película es que es una adaptación bastante fiel de la novela, pero al mismo tiempo la naturaleza extremadamente sombría de la misma no ha sabido terminar de captarse con acierto. Quizá la mayor pega al respecto es que la desesperación interna del protagonista no se expresa con la fuerza necesaria, para lo cual hubiese venido bien el uso de la voz en off, recurso que algunos sencillamente detestan (no es mi caso), pero a veces resulta muy útil. Con esto no quiero decir que el trabajo de Viggo Mortensen sea malo (todo lo contrario en realidad), sino que la adaptación emprendida por Joe Penhall se ciñe a los hechos, pero no termina de escudriñar lo suficiente a los personajes. Y es una pena, porque no sólo es destacable el trabajo de Mortensen, sino que el resto del reparto (aunque apenas salgan 1 minuto o 2 en muchos casos) también raya a gran altura (1), quizá destacando por encima de todos ellos el trabajo de Kodi Smit-McPhee, cuya ingenuidad sirve un poco de válvula de escape para el desolador panorama que La Carretera nos presenta. Dicho panorama es otro de los puntos fuertes de la película, pues el trabajo del español Javier Aguirresarobe para recrear con amestría unos paisajes que combinan la devastación padecida, con lo opresivo y sombrío que resulta actualmente.

Otra historia con múltiples elementos pesimistas es la que nos ofrece Precious, la cual nos habla de una obesa adolescente de color sistemáticamente violada por su padre (ya tuvo un hijo suyo y actualmente otro viene de camino) y maltratada (sobre todo psicológicamente) por su madre que ve en su traslado a una nueva escuela la oportunidad para conseguir una vida mejor. Lo que más me vino a la cabeza viendo Precious es la tendencia hollywoodiense actual a dar más prestigio de lo debido a películas que abordan diferentes problemáticas sociales quizá con un tremendismo exagerado. Me vienen a la cabeza títulos como Crash o Babel, cuyos méritos se exageraron hasta el delirio por la realidad que presuntamente mostraban sin cortapisas de ningún tipo. A mí centrar el juicio de una película en este aspecto es algo que sencillamente me encabrona. Una película puede tener una ideología peligrosa o incluso deleznable y ello no impide que pueda ser muy buena y lo mismo me sucede con cintas de ideología afín. Que digan lo que quiero oír o estoy dispuesto a aceptar no las convierte automáticamente en grandes películas. Afortunadamente, Precious me parece más interesante que los otros dos títulos mencionados por varios aspectos: El primero es que Lee Daniels consigue que el tremendismo de muchas escenas de la película no se zampe el equilibrio dramático de la historia y es sólo al final cuando se le va un poco de las manos. La otra pega es la inclusión de fantasías de la película que no sólo rompen el tono de la película, sino que su sobreutilización acaba por resulta muy cansina. Cierto que funcionan correctamente a modo de válvula de escape de la protagonista y así entendemos mejor su capacidad para sobreponerse a su situación, pero estamos en algo parecido a lo antes: Que algo le venga bien a la película no quiere decirle que poniéndolo de cualquier manera no acabe por ser algo negativo. Uno de los aspectos más alabados de la película es la brillantez del trabajo de los actores, en especial de Mo´Nique y Gabourey Sibide como madre e hija en la ficción. No seré yo el original que venga a decir que lo hacen mal, pero no considero tan maravilloso su trabajo, en especial en el caso del personaje de la madre (por la que Mo´Nique se postula como casi segura ganadora del Óscar), un personaje a mi gusto mucho menos complejo y difícil de componer que otros. Eso sí, la historia se sigue con interés y consigue implicarte, la dirección mantiene el rumbo adecuado para el devenir argumental y está bien interpretada.

Para el final he dejado a Tiana y el Sapo, intento de Disney de recuperar historias de amor en la línea de clásicos como La Cenicienta o La Sirenita tras varios años en caída libre con (muy olvidables) películas como Chicken Little o Zafarrancho en el Rancho. Y la verdad es que han logrado una cinta merecedora de ser llamada clásico de la compañía donde la habitual combinación de comedia (ligero, pero efectivo y más presente al principio y que va diluyéndose para prácticamente desaparecer en el tramo final), romance (neutro, previsible, pero anda molesto. Si acaso la pega es que no aprovecha sus posibilidades de funcionar como cuento de hadas tradicional y como revisión de los mismos, algo que sí hacía la notable Encantada), drama (¿Conseguirá Tiana su sueño?) y aventura (aquí se agradece la inclusión de elementos sobre vudú y brujería, algo que a mí personalmente siempre me ha interesado). Donde sí pincha la película es en la recreación de ese elementos tan subjetivo llamado Magia Disney, pues Tiana y el Sapo respeta los cánones de este tipo de producciones, es perfectamente disfrutable y los personajes en ningún momento caen por debajo de lo aceptable. ¿Qué es lo que falla entonces? Quizá el principal problema de la película sea lo anodinas que resultan la mayoría de las canciones de la banda sonora, y es que las mejores (las dedicadas al villano y a Mama Odie) no pasarían de ser las más olvidables en cintas como El Rey León o La Bella y la Bestia, por mencionar dos casos con múltiples canciones memorables en su banda sonora. Eso sí, conviene decir que la polémica elección de King Africa para una de las canciones en la versión doblada no resulta ofensiva al oído. El porqué de su elección sigue siendo un misterio que ni Iker Jiménez sería capaz de resolver. Por último, señalar que Tiana y el Sapo es una película más orientada a los pequeños de la casa y a aquellos que aún sepan disfrutar de una cinta de estas características. Cierto que no alcanza el nivel de Pixar, pero sí que es una película perfectamente defendible y disfrutable.

En definitiva, tenemos tres buenos estrenos orientados cada uno de ellos a un segmento de público bien diferenciado. En ningún caso esperéis encontraros un peliculón que cambie vuestra vida porque no es el caso, pero sí que cualquiera de ellas merece que invirtáis un poco de vuestro preciado tiempo para verlas. Por tanto, esta semana no voy a destacar ninguno de los otros, simplemente que cada cual vaya a ver la película que mejor se ajuste a sus gustos e inquietudes. Tan simple como suena, sí.

(1) La única pega que podría poner en este punto es el personaje de Charlize Theron, aunque más que por su (más que correcta) actuación sería por la errónea decisión del director de dosificar sus apariciones. Ya sabemos que los dos protagonistas están solos, así que fragmentando su presencia en el relato lo que se llega a provocar es sacar un poco al espectador de la historia. Además, el efecto de contundencia que busca sería mucho mayor en la película (ahora mismo no recuerdo si en al novela era también así) si se nos ofreciese de una sentada.

Es la hora de las tort…. digo, de los estrenos!

Una semana más llega la hora de comentar lo que se estrena en los cines españoles. Últimamente el porcentaje vistas frente a estrenadas estaba siendo un poco bajo, pero esta semana no es el caso, ya que de las cinco novedades (La herencia Valdemar, Nine, Ricky, Rompedientes y Up in the air) son tres las que puedo comentaros.

La herencia Valdemar es, sobre el papel, el ejemplo de película española que multitud de espectadores reclamaba: Ni un euro de los 13 millones de euros de presupuesto ha salido de las arcas públicas y además es una película que se olvida completamente de esa imperiosa necesidad del cine español por abordar temas sociales, los cuales pueden dar pie a muchas películas de interés, pero el público no quiere verlas. Ahora la cuestión es si es una película que merece la pena y la respuesta es que sí. Lo primero que hay que aclarar es que esta primera entrega de La herencia Valdemar es que deja la historia inconclusa, pues forma parte de un díptico cuya segunda entrega se estrenará dentro de unos meses. Además, como el propio director reconoce, la primera parte funciona a modo de introducción, por lo que los momentos realmente espectaculares (la aparición de Cthulhu por ejemplo) no podremos verlos aún. El otro aspecto sobre el que conviene pararse es que la película se ha vendido como una cinta de terror con ecos de Lovecraft, pero esta es una afirmación que hay que matizar. Al igual que sucede en varias películas clásicas del género, una historia romántica con elementos melodramáticos funciona como eje sobre el que progresa la acción y que permite la aparición de elementos fantásticos.

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