Es la hora de las tort…. digo, de los estrenos!
Una semana más llega la hora de comentar lo que se estrena en los cines españoles. Últimamente el porcentaje vistas frente a estrenadas estaba siendo un poco bajo, pero esta semana no es el caso, ya que de las cinco novedades (La herencia Valdemar, Nine, Ricky, Rompedientes y Up in the air) son tres las que puedo comentaros.
La herencia Valdemar es, sobre el papel, el ejemplo de película española que multitud de espectadores reclamaba: Ni un euro de los 13 millones de euros de presupuesto ha salido de las arcas públicas y además es una película que se olvida completamente de esa imperiosa necesidad del cine español por abordar temas sociales, los cuales pueden dar pie a muchas películas de interés, pero el público no quiere verlas. Ahora la cuestión es si es una película que merece la pena y la respuesta es que sí. Lo primero que hay que aclarar es que esta primera entrega de La herencia Valdemar es que deja la historia inconclusa, pues forma parte de un díptico cuya segunda entrega se estrenará dentro de unos meses. Además, como el propio director reconoce, la primera parte funciona a modo de introducción, por lo que los momentos realmente espectaculares (la aparición de Cthulhu por ejemplo) no podremos verlos aún. El otro aspecto sobre el que conviene pararse es que la película se ha vendido como una cinta de terror con ecos de Lovecraft, pero esta es una afirmación que hay que matizar. Al igual que sucede en varias películas clásicas del género, una historia romántica con elementos melodramáticos funciona como eje sobre el que progresa la acción y que permite la aparición de elementos fantásticos.
Una vez hechas las aclaraciones pertinentes, el primer elemento destacable es el esmerado acabado técnico de la película, donde se nota que el dinero ha sido perfectamente aprovechado para la recreación de la época de comienzos del siglo XX donde se desarrolla buena parte de la acción. No es que haya escenas espectaculares, pero se transmite una credibilidad inhabitual en otras producciones millonarias de nuestro cine. Además, el debutante José Luis Alemán demuestra su solvencia tras las cámaras haciendo fluir con naturalidad la acción y controlando de forma notable la utilización de los movimientos de cámara. Un poco menos afortunado resulta su trabajo en el guión de la película, el cual ata perfectamente el desarrollo de la acción y la lógica interna en su devenir, pero descuida la verosimilitud de los diálogos: En no pocas escenas oímos frases más preocupadas por resultar fuertes en términos de expresión, pero que resultan tremendamente artificiosas y pueden llegar a sacarte un poco de la película. No ayuda demasiado a solucionar este punto el trabajo de parte del reparto, donde se ha contratado a varios actores contrastados (aunque resulta una pena que al final no fuese posible contratar a Christopher Lee para el papel que finalmente interpreta Eusebio Poncela), pero eso no quiere decir que el nivel sea malo, simplemente que hay algunos que no están a la altura del nivel de otros aspectos. Y por último, y seguramente lo más importante para muchos, decir que la historia es interesante, entretenida y a cualquiera que le interesen las producciones de estas características debería darle una oportunidad a La herencia Valdemar.
Un poco más decepcionante resulta Nine, el regreso al musical de Rob Marshall, director de Chicago. A nivel de puesta en escena sin duda las similitudes son notables con su anterior película, pero el interés de lo que se cuenta raya a otro nivel. A priori, la historia de un director de cine luchando por recuperar su inspiración perdida usando a las mujeres (musas) de su vida para definir al protagonista parece genial, pero no han sabido aprovecharlo correctamente. El primer problema es la excesiva cantidad de personajes que pueblan la película, necesitando prácticamente todos su propio número musical. Vale que Nine sea un musical, pero eso no es una carta blanca a meter números musicales innecesarios, siendo quizá el caso más explicativo de este punto el que recae sobre Kate Hudson, cuya canción y el número de forma aislada no me molesta, pero el propio número e incluso su personaje si se eliminan creo que la película se libraría de un lastre narrativo. Por lo demás, un buen nivel de los actores para unos personajes seguramente por debajo de sus actuaciones y en este caso me voy a parar un momento en Guido Contini, el protagonista interpretado por Daniel Day Lewis. Su tragedia personal no consigue atraparte porque en el fondo la película nos habla de cómo un gilipollas descubre que es eso, un gilipollas. No sufrimos con ni por él y, llegado el caso, hasta nos dan ganas de que todos le manden a tomar por saco. Esta falta de empatía provoca cierto desinterés en el espectador y aunque el nivel interpretativo es bueno, no es suficiente.
Por último, tenemos a Up in the air, la que hasta hace poco era la gran favorita para ganar en los Óscar, pero luego vino Avatar con su desmesurado éxito crítico, pero especialmente económico para ponerlo todo patas arriba. La cuestión es que el prestigio que ha adquirido Up in the air también me resulta excesivo. ¿Cuál es el principal problema de la película? Su indecisión. Jason Reitman opta por abordar demasiados elementos dentro de la película, y encima en alguno de ellos la aproximación que hace resulta contradictoria según el momento de la película del que hablemos. ¿Es una intencionada reflexión acerca de lo perdidos que estamos hoy en día? Podría ser, pero me dejó un sabor de boca amargo, porque la película es excelente durante no pocos momentos, pero esa indecisión que comento provoca algún bajón de interés alarmante en el que uno puede llegar a desconectar de lo que se le está contando. A mí la sensación que me queda es que se ha intentado llegar a un espectro de público demasiado amplio, cosa que a ratos consigue, pero eso no es suficiente para catalogar a Up in the air como una gran película. De todos modos, toda la filmografía de su director me ha provocado reacciones similares: Gracias por fumar aparentaba ser una crítica sagaz y acababa siendo pelin inofensiva y superficial, Juno parecía querer ser una visión singular del embarazo de una adolescente para ir reblandeciéndose según avanzaba su metraje. Eso sí, todas acababan siendo buenas películas, pero el potencial capado resulta molesto, aunque seguramente sea Up in the air su mejor trabajo hasta ahora. A modo de añadido, resaltar el estupendo trabajo de todos los actores, desde un George Clooney demostrando una vez más su versatilidad hasta la prácticamente desconocida hasta la fecha Anna Kendrick, la revelación del filme.
En conclusión, los tres estrenos que he podido ver son películas con las que uno no va a perder el tiempo viéndolas y encima muy variadas entre sí para que cada uno pueda optar por el género que más le interese. Sin embargo, si sólo os interesa guiaros por la calidad individual de la película por mi parte os recomendaría acercaros a ver La herencia Valdemar, que además dudo horrores que de ésta vaya a filtrarse ningún dvdscreener como regularmente sucede con las películas oscarizables antes o después.



Lo que comentas me reafirma: la que más ganas tengo de ver es “Up in the Air”.
Uuuuhhhmmm me has picado con LA HERENCIA VALDEMAR, me la apunto para irme al cine esta semana, que Lovecraft siempre me ha fascinado y ninguna peli hecha con sus relatos me ha gustado.
Por otro lado, UP IN THE AIR creo que es una de esas pelis pa ir con la parienta, así que a ver si aparco a las niñas y nos damos una sesión Clonney
Ya he visto LA HERENCIA VALDEMAR y tengo que decir que me ha sorprendido muy gratamente. Me ha parecido audaz, atrevida, muy bien hecha técnicamente (salvo el sonido en determinados momentos), con una ambientación excelente y buenas interpretaciones, aunque como bien dices, los diálogos a veces… uuhhmm no sé. Pero en líneas generales me ha gustado bastante, a pesar de no ser una película de terror sí te deja “mal cuerpo” en muchos momentos, y sobre todo, con ganas de ver la segunda parte. Así SI se crea una industria propia.